viernes, 3 de julio de 2009

Mrabet vs. Choukri ya muerto.

Mohamed Mrabet en 1981.
Mohamed Mrabet sigue siendo uno de los testigos directos de la Beat Generation, queramos o no. Sus libros están basados en las narraciones orales y han sido traducidos a multitud de lenguas. Sus cuentos están siempre ambientados en fantasías y visiones utópicas. Vivió durante varios años con su amigo Bowles, en casa de este último, hasta su muerte.

El respeto no se compra, se gana con esfuerzo. No se trata de acumular admiradores contando fábulas cayendo al mismo tiempo en la trampa del “chismoteo”. Hay que ser creativo y fiel en la palabra ya sea a favor o en contra, pero siempre con respeto. Tampoco podemos, ni debemos, dirigirnos a los muertos despreciándolos sin tener pruebas fehacientes puesto que no tienen la posibilidad ni la oportunidad de estar todavía vivos para defenderse. Dar la razón, o mostrarse en desacuerdo con la actuación de otro, y menos si está en el cielo, es de cobardes, y menos alegando que fulanito ha dicho o que menganito había dejado de decir. A mí me pone, o mejor dicho me convence, que esta interpretación de sinceridad es tardía y dudosa. Sin duda, la cara más irónica se me ha quedado cuando leí, por ahí, entre muchas otras cosas, la calificación, que se hacía, según sus propias palabras, de Beatnik al ya fallecido escritor tangerino Mohamed Choukri. Un término Beatnik que tiene connotaciones despectivas, discriminatorias y paródicas.

Lo conoció cuando Mrabet trabajaba de camarero en un café de Tánger, allá por los años cincuenta. Mrabet, comentaba, orgullosamente, que cuando regresó de América en el año 1972, se instaló con Paul Bowles, en la casa de este último. Días más tarde cuenta que apareció su editor con los contratos, y fue entonces cuando un interesado Choukri aprovechó para firmar unos libros, y añade que Bowles le confirmó que muchas de las historias que aparecían en las obras de Choukri eran suyas. También afirma, insistiendo, que fue su amigo, y que incluso intentó casarlo con una joven para que sentara la cabeza. Pero lamenta que Choukri, a partir de ahí, empezó a odiarlo y a hablar mal de él, y simplemente por el hecho de que aquel novel escritor necesitaba dinero, rematando la faena el Sr. Mrabet.

Mohammed Mrabet y Paul Bowles
 en Cap Spartel, Tanger (1969).
Hoy no pueden cuajar estos chismes con su legado y con sus historias fascinantes, con forma de una efervescencia, que va desde sus recuerdos de los Bowles a Tennessee Williams.... Mrabet debe ser solamente fiel a sus experiencias iniciales, a lo que presume humildemente haber sido, como pescador en la costa marroquí, como cabrero, como camarero en aquellos años cincuenta e incluso como acróbata en las playas de Tánger. Debe ser fiel a su amor por los guisos y la pintura. Así es como puede ganar la aprobación del jurado. Debe guardar su criterio personal, y ambiguo, sobre Choukri, su amigo el traidor, según él. Sin embargo lo que ocurrió es que perdió la razón, se le fue la olla, y sus comentarios y descalificaciones están fuera de tono. Verdades o mentiras, ¡sólo Dios lo sabe! Choukri, vivo, estoy convencido de que no va a ser menos, dejará seguro los suyo también y tendrá la oportunidad de replica. Para mí, Mohamed Mrabet con su chismeo y cotilleo bajuno, ha suspendido. Debe rectificar por decisión del jurado. No se puede engañar a la audiencia de esta manera. La polémica está servida. Sin duda, estas rencillas y malentendidos, entre un vivo y un muerto, han provocado un salto de la elegancia a la mala educación, de la humildad a la ingratitud. Así, el triunfo se convierte en triunfito. Yo me siento personalmente decepcionado por esta actitud tardía y desafortunada.

Mohamed Mrabet debe permanecer como el hombre humilde que fue siempre y no debe dejar que el levante tangerino le afecte la memoria. Debe seguir alardeando de sus éxitos pero solo con su peculiar tono suave, basado en el don innato de su secreto como narrador y comunicador.

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